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Nov
09

Cementerio de barcos y hombres.

Hace tiempo pude leer un reportaje en una revista dominical sobre uno de los trabajos más duros y peligrosos del mundo (reconocido por la Organización Internacional del Trabajo). Muchas ONGs lo han denunciado varias veces, pero los gobiernos, una vez más, hacen la vista gorda en beneficio de los millones de euros que genera… Esta es la historia.

Cuando los grandes buques realizan su último viaje, ponen rumbo a playas del sur de Asia. Allí, miles de hombres arriesgan su vida por 20 céntimos de euro la hora para desmantelar y descuartizar superpetroleros, cargueros y cruceros de pasajeros con sus propias manos. Los buques -algunos de más de 300 metros de longitud- son embarrancados contra la playa. Entonces, cientos de trabajadores, llegan por el preciado esqueleto, formado por miles de toneladas de acero.

Los trabajadores acarrean en sus hombros las planchas de acero, pesadísimas y a veces todavía calientes por los cortes hechos con el soplete. Con caras curtidas por la resignación de una vida sin futuro, se mueven como autómatas. Con un calor sofocante, caminan entre las moles de acero lo más lentamente posible, pero sin parar para no irritar a los capataces que se esconden bajo sombrillas. Así pasan 16 horas al día…

Muchos de estos obreros, a los que la piel se les pega en los huesos, van descalzos y sin más ropa que una simple tela amarrada a su cintura a modo de falda llamada dhoti. Algunos de ellos son sólo niños: en Bangladesh, hasta una quinta parte podrían ser menores de 15 años, según un informe reciente de varias ONG. Este método para desmantelar barcos de los países del sur de Asia es el más barato económicamente, pero, a la vez, el más costoso para las vidas y para el medio ambiente. Según El Convenio de Basilea está prohibida la exportación de residuos peligrosos a países pobres.

Los dueños de estos barcos desguazados y los propietarios de los desguazaderos, se están forrando de dinero mientras esta pobre gente sobrevive con 20 céntimos de euro la hora y malviviendo entre chatarra, añadiendo accidentes mortales diarios por explosiones o por exposición a materiales contaminantes. Todos los países y sus gobiernos son culpables de esto, incluída España, por supuesto, que también envía barcos para ser desguazados.

Los países occidentales, sobre todo en Europa, deberían ser juzgados por la complicidad e indulgencia de poner en peligro las vidas de los trabajadores y el medio ambiente. Justo en las últimas semanas, en los desguazaderos tres explosiones han dejado ocho muertos y cuatro hombres terriblemente quemados en la India y Bangladesh. En las tuberías de los barcos quedan muchas veces residuos de combustibles que estallan al ser cortados con soplete. Pero hay muchos otros riesgos: de asfixia en los espacios confinados o de que se rompan los cables que se utilizan para tirar de los trozos de metal hacia la arena. Cuando se rompen, lo hacen con tanta fuerza que pueden cortar la pierna de un hombre o matarlo.

Los obreros también han caído a veces de las decenas de metros de altura que tienen los buques o han muerto aplastados por los trozos de acero que se desploman. Otro accidente menos aparatoso, pero del día a día, es lastimarse los pies con los metales cortantes que están en la playa. La exposición a materiales peligrosos, como amianto o metales pesados, les va causando enfermedades silenciosas.

Se sabe que mueren cientos, pero no hay ningún estudio oficial de las muertes o accidentes en los cementerios de barcos: a los dueños de los desguazaderos les conviene esconderlos. No llevan registro de cuántas personas hay en cada lugar. Hay una tendencia de esconder los cadáveres, mandándolos cuanto antes a su casa, enterrándolos urgentemente, y antes incluso los tiraban al mar.

Unos 40.000 hombres trabajan en los desguazaderos de la India y 25.000 en los de Bangladesh. Su miseria es lacerante, incluso si se compara con parámetros de esos países. A pocos metros de los desguazaderos en la India hay un poblado chabolista donde viven. Cientos de personas comen, se bañan y defecan en la calle.  Se avergüenzan porque no tienen nada que dar a los visitantes. En su casa, un cuarto de tres por tres metros hecho con retazos desiguales de barcos, no hay nada. Ni luz, ni electricidad, ni agua corriente, ni desagüe. En la noche, sólo un plástico extendido será su “cama”.

En la India tienen un sindicato -en Bangladesh, ni eso-, pero afirman que no se atreverían a organizarse para pedir un sueldo fijo. La policía vendría a apalearlos por orden de los dueños de los desguazaderos. Viven con la constante amenaza de ser despedidos y aunque ganan una miseria, que va entre 1 y 3 euros al día, su vida depende de ella. Ese dinero no sirve ni para un solo hombre, menos para una familia.

En las playas,  un insistente olor a petróleo hace picar la nariz, y no es raro tropezar con hélices del doble de alto que un hombre. Aquí quedan las toneladas y toneladas de residuos que llegan con los buques. Alguno podría tener hasta 100 toneladas de pintura, que contienen plomo, cadmio y arsénico. Los petroleros tienen, además, 1.000 metros cúbicos de petróleo residual contaminante, que han ido dejando negra la arena.

Este desastre ambiental y humano no cesará, al menos, en los próximos años, ni se sabe si acabará algún día. De momento, como siempre, sabemos que todos los países del mundo, somos los culpables.

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2 Responses to “Cementerio de barcos y hombres.”


  1. 30/11/2009 en 11:02

    Muy buena reivindicación. Desafortunadamente el mundo está muy mal repartido.

    Me gusta tu blog, by the way.

    Un abrazo

  2. 2 Raquelita
    27/02/2010 en 16:23

    Yo me pongo mala con estas cosas… Es todo tan injusto… Y lo peor es que las personas somos muy pesimistas en general y pensamos que no podemos hacer nada. O queremos pensar eso para sentirnos menos culpables. Solo nos manifestamos cuando algo nos afecta a nosotros. También es cierto, que si los medios de comunicación se ocuparan más de sacar todo esto en vez de ocuparse de la vida de personajes como el de Belén Esteban y toda esta gentuza. La gente estaría más concienciada. Pero hasta que no pasa algo muy gordo no se hace nada. Caso de Haití, todo el mundo volcado con Haití, pero ya no se acuerdan que hace dos años hubo otro desastre, porque lo sacan cuando pasa la tragedia y a los tres meses ya no se acuerda nadie.


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