Archivo para 10 mayo 2013

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18+22.

Llegó el día de cumplir los 40 y su famosa crisis, según dicen… Cuando os digan que la vida pasa volando sin darse uno cuenta, que aprovechéis cada momento de vuestra existencia y penséis que es un absurdo consejo sin importancia, poneros a llorar porque es una realidad como un castillo de grande.

Cuando eres pequeño, te mueres de ganas de crecer, de hacerlo todo. Cuando cumples la mayoría de edad piensas: “Ya está. El mundo es mío” aunque al día siguiente compruebas que tu vida sigue exactamente igual. Terminas de estudiar, te pones a trabajar (en aquella época en la que encontrabas varios trabajos para elegir al día), te sientes el rey del mambo cuando te independizas económicamente. Tomas el control de tu vida totalmente.

A los 20 te comes el mundo, no paras en casa, te despides de tus padres los jueves y ya no te ven hasta el domingo por la noche. Sales del trabajo y vuelas a buscar a tus amigos directamente sin pasar por casa. Tienes algo de dinero y el coche de tu padre (que te lo presta sin saber que un buen día se lo estamparás contra un muro dejándolo siniestro total…), ¿para qué vas a ir a casa, no? 😉

Llegas a los 30. Tus padres se van haciendo más mayores de lo que jamás pensaste cuando eras niño (siempre pensaba que me iban a durar para siempre, ingenuo de mi). Tu padre se jubila y es cuando decide irse con tu madre todos los fines de semana fuera. Toda la casa para ti de viernes a domingo, da una increíble sensación de libertad que no vuelves a experimentar hasta que te vas de casa. Llega el momento en que te casas, contra todas las previsiones que tenías en mente, aprendiendo que la vida da muchas vueltas, gira demasiado deprisa y que puedes llegar a vivir situaciones fantásticas en lugares nunca imaginados, como ha sido mi caso.

A partir de los 35 (para algunos hombres bastante antes) se te empieza a caer el pelo, tu cuerpo deja de estar “visible” como antes y empiezan a aparecer los primeros dolores y molestias debidos a los excesos y malas costumbres de la juventud. Hasta los 30 más o menos, tu cuerpo soporta todas las putadas que le haces, sean las que sean. No te manda ningún aviso de lo mal que le tratas. Pero a partir de esa edad, las alarmas empiezan a saltar. En ese preciso instante es cuando te das cuenta de la situación, te comes la cabeza, cambias el chip y empiezas a cuidarte. Te empiezas a preocupar por tener una cara sin una sola arruga, tu alimentación cambia por completo, abandonas la llamada “comida basura” -aunque recaigas cada X meses- y te alimentas mejor como si dependiera tu vida de ello. Siempre he dicho que las etapas de la vida son como las capas de una cebolla. Las vas quitando una a una y te das cuenta que te apetece hacer cosas totalmente distintas, dejando atrás situaciones que no volverás a repetir nunca más. Es la típica época en la que piensas un día si y otro también aquello de “quien me iba a decir a mi hace 10 años…”. Lo dicho, te miras al espejo cada mañana y te convences de que el cuerpo ya no perdona nada. Tras esa etapa de cambios necesarios e imposibles de ignorar, llega ese gran momento temido por la mitad de la población mundial, si no toda.

Cumples los 40 y piensas que has llegado a la mitad de tu vida, teniendo en cuenta el nivel medio de esperanza de vida actual. Llegó la famosísima “Crisis de los cuarenta”. Te vuelves a mirar al espejo y te pones a pensar qué coño has hecho en todos estos 40 años. Puedes haber tenido la gran suerte de haber hecho mil cosas, conocido mil lugares y cientos de personas. Puedes haber tenido la gran suerte, como es mi caso, de haber tenido una infancia y adolescencia felices como pocas personas pueden haber tenido. No puedes olvidarte, al menos yo, en todas esas amistades que por las circunstancias que sean, has dejado en el camino, a veces por tu culpa y en otros casos por injusticias de la vida. Mi padre que era muy sensato, me dijo una vez que era imposible agradar a todo el mundo. A pesar de estar convencido de eso, cuando llegas a esta edad, miras atrás, te acuerdas de un montón de gente que quizás ya ni te recuerde y piensas que habrá sido de ellos. Piensas en tu posible capacidad de poder cambiar el rumbo de las cosas y dudas en si el destino de cada uno está escrito desde que se nace o es algo relativo que podemos cambiar. Creo que todavía no lo tengo claro, aunque me inclino por la opción de poder variar el rumbo de algo o alguien con poco esfuerzo a veces… Evidentemente, cuando pones en la balanza las cosas buenas de tu vida también tienes que saber poner las cosas malas que has pasado o que has hecho a alguien, por supuesto. Te vuelves a comer la cabeza, haces memoria para intentar comprender los errores del pasado, piensas que todo lo que has hecho es por alguna razón y tratas de aprender alguna lección de cada caso concreto. Es el momento idóneo para mirar al pasado para que el futuro sea mejor para ti y los que te rodean.

A mis recién estrenados cuarenta, tengo la enorme suerte de haber llegado con bastante buena salud, llevar 8 años con la persona que jamás me ha querido tanto sin ser familia directa, haber ganado una familia a 12.000 kms. de aquí, la cual es increíble por mil razones. A día de hoy, desgraciadamente solo me queda el cariño de mi madre y por culpa del estado en el que se encuentra, se echan de menos muchas cosas de antaño las cuales sabes que ya no volverán. Mi familia política me ha dado una inyección de alegría, cariño (y sobre todo humildad) que jamás pensé que conocería. Si pudiera estar con ellos todo el año ya sería increíble, aunque todo llega dicen… Me encantaría llegar a viejo, si es posible, hasta los 100 pero controlando mi vida y rodeado de esa gente maravillosa que me ha tratado como a uno más desde el minuto uno.

Por todas estas cosas y muchas más, puedo decir con certeza que de momento, no entiendo de ninguna crisis. Es más, sigo sintiéndome como cuando cumplí los 18 pero con 22 años de experiencia 😉 En parte, gracias a todas esas personas que habéis formado parte de mi vida, para bien y para mal, porque de todo se aprende algo. Si volviera a nacer, elegiría de nuevo la misma vida que tengo. No la cambio por nada. Ojalá pueda seguir contando con tod@s vosotr@s por lo menos otros 40 años más. Como le digo siempre a mi nene, ojalá envejezcamos juntos. Me mata la curiosidad por vernos llenos de arrugas, sin dientes y andando a duras penas con un bastón. La imaginación nunca debería faltar en nuestras vidas. Hasta nuestro último día…

 

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