Archivo para 24/08/13

24
Ago
13

Gracias.

Mil gracias. Son las mejores palabras que puedo decir a todo el mundo ahora mismo.

En primer lugar, evidentemente, mil gracias mamá por haberme dado la vida, tras tres intentos fallidos. Gracias por habérmelo enseñado todo, por tu eterna paciencia, por poner paz con papá cuando no la había, por intentar hacerme una buena persona (dicen por ahí que algo conseguiste…), por ese cariño contínuo incluso cuando ya no eras consciente de tus actos. Tras varios años de sufrimiento casi diario, puedo estar tranquilo por haberte proporcionado el mejor final posible, dentro de los límites de tu enfermedad. Te recordaré y querré mientras mi mente me lo permita.

Mil gracias con todo mi corazón a quien es hoy día mi marido por haber cuidado de ella en casa mientras fue humanamente posible. Sé que hiciste todo lo posible por su bienestar, tanto de día como de noche, incluso poniendo en grave riesgo tu propia salud, algo que poca gente sabe, la cual te costó un año recuperar. Nunca te lo agradeceré lo suficiente.

Mil gracias a todos los amigos, compañeros de trabajo y apenas conocidos que nos han acompañado estos dos días tanto personalmente como en la distancia, ya que para nosotros es igual de apreciable. En los peores momentos es cuando se agradece el cariño de tanta gente, incluso de quienes no lo esperabas.

Mil gracias también de una forma muy especial a TODO el personal de la Residencia Geriátrica de Benicàssim por haberle dado a mi madre sus últimos mejores cinco años de vida, las 24 horas, sin descanso. El trabajo de esas personas no está pagado con dinero.  Las condiciones en las que se encuentran esos enfermos acaban con la salud de cualquier persona que tengan alrededor, algo bien sabido en cualquier hogar con una persona enferma de Alzheimer. Su preocupación contínua especialmente el último mes de vida, fue admirable. Da igual que lleves 20 años trabajando en eso. El sufrimiento y preocupación demostrados por todos ellos es digno de admirar y recordar para siempre.

Muchas veces no somos conscientes del derecho que tenemos de terminar con nuestra vida cuando el sufrimiento es irreversible, es algo que debería estar garantizado por ley, y mi madre de alguna manera lo sabía. A pesar de su avanzado estado de demencia, tanto el personal de la residencia como nosotros, tenemos bien presente que ella quiso irse y la manera más sencilla que encontró de hacerlo fue dejando de comer y beber. No es humano alargar esa agonía de ninguna de las maneras, creo que a nadie nos gustaría que lo hicieran por nosotros. En ese sentido podemos estar tranquilos y en paz por haber tomado las decisiones más acertadas en cada momento, por duras que hayan sido. Siempre os recordaremos de manera especial por todo ello. Ojalá algún día tengais esa merecida recompensa de alguna manera. Gracias por siempre.

 

Unidos para siempre

 

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